viernes, 9 de febrero de 2018

¡Señores, no es fácil! Aunque así parezca…

Ya hace casi 4 meses, perdí a mi madre, víctima de un invasivo cáncer en los pulmones (nunca fumadora). El cáncer, en mi caso, pero podría ser cualquier otra enfermedad, es de las cosas que vemos día a día pero que nunca nos imaginamos pasando por eso de forma cercana. La verdad es que el proceso fue muy traumático, cambió nuestras rutinas totalmente, el estado de humor de ella cambió drásticamente, dejó de ser la persona alegre, comprensiva, paciente que era. Lo cual trajo consigo grandes cambios en nuestra interacción familiar.

Pero ese no es el punto que quiero tratar al escribir esto, sino que me llama mucho la atención lo rápido que exteriormente he tratado de llevar una vida lo mas normal posible. Salgo mucho, que es algo que siempre me ha gustado, sonrío todos los días, me maquillo, me visto de cualquier color y me levanto a trabajar como si nada. Y la verdad, es que gracias a Dios el proceso de los meses de su enfermedad nos ayudó a entender que tarde o temprano, pasaría. ¡Ella iba a morir!

¿Pero que uno hace con esos días? Esos días en que lloras, en cada cualquier cosa por mas insignificante que parezca te recuerdan a ella, esos días donde la gente no entiende que simplemente no estas para sonreír, esos días donde te hace una gran falta, donde quisieras que nada de eso hubiese pasado pero sobretodo que hago con esos días donde no entiendo por que pasó, donde me pregunto que será de mi vida de ahora en adelante, donde me pregunto por que Dios nos la regaló solo por 65 años, siendo ella un alma noble y una fiel servidora suya. Mi mamá era una persona que transformaba vidas.

¡Señores, no es fácil! Aunque así parezca…


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